Rabipelado de oposición
Rabipelado de oposición

Rabipelado de oposición

Curiosa sensibilidad

No sé el porqué ando viendo animales por todas partes, no puedo evitarlo, ¿será el trágico advenimiento del zoológico chavista?
Veo, por ejemplo, a Iris Varela y no puedo dejar de figurar un bisonte despelucado, a Cilia Flores y recrear una fabulosa arpía –mujer y buitre– o a Diosdi Cabello, ya lo saben, y observar a un cerdo bodoque retozando en un lodazar de estiércol.
Pueden pensar que son mariqueras mías, alegorías literarias, figuraciones estéticas de un poeta panfletario, pero no, no lo son, es lo que veo, hago colosales esfuerzos por evitarlo, pero no puedo. Quizá sea esta extravagante sensibilidad la causa por la cual no me acerco ni me junto con chavistas, no vayan a morderme, rasguñarme, salpicarme su inmundicia o simplemente rociarme sus babas.
 Ni de vaina.
 

¿ Quién come tlacuache?

Mi ascendencia materna es mexicana. Chabelita Arroyo, mi madre, no sólo me concibió en los territorios norteños de la antigua Mesoamérica, lo que en la actualidad se conoce como Michoacán, sino que me educó como descendiente directo de Tariácuri (sacerdote del viento), esto es, entre serpientes emplumadas (mitologías) y la caza y la pesca (realidades).
Algún día escribiré sobre las curiosas complicaciones que ello me representaba viviendo en la moderna Caracas. En esta ocasión sólo me referiré a una de complicaciones. En Michoacán, por ejemplo, nosotros llamamos a los rabipelados, “tlacuaches”. Y nos los comemos. Son, al menos para algunos, una exquisitez. Su carne sabe a pollo vegetariano. Raro pero gustoso.
¿Quién come rabipelado en Caracas? ¿Quién come tlacuache?
¿Entienden lo complejo de mi educación?
 

Los rabipelados son inofensivos

Nunca entendí la razón por la cual a mis vecinos caraqueños les daban asco los rabipelados, los codiciados tlacuaches. Entiendo que parezcan ratas gigantes, que su hocico puntiagudo, sus choretos colmillos, sus orejas parabólicas y sus bigotes amorfos causen repulsivas sensaciones. Entiendo que su largo rabo pelado sea pavoroso, pero no es para tanto. Los rabipelados, a diferencia de las serpientes, no son venenosos, no matan. Se comen. Son inofensivos.
Como inofensivos son algunos opositores que, pese a su repulsivo aspecto moral, pese al pavoroso rabo pelado que distingue y sella su intelecto, no representan ninguna inquietud ni para la dictadura ni para los que luchan realmente contra ella.
Son rabipelados, sólo dan asco y en todo caso son comestibles. Yo los despellejo y horneo de vez en cuando para entregárselo a ustedes, como segundo plato, en mis artículos.

 

Epidemia de rabipelados en la oposición

Quizá sea mi origen montaraz michoacano, de monte y culebra, explorando los recovecos rústicos de la hacienda de mis abuelos mexicanos, lo que desarrolló en mí un sexto sentido para distinguir tanto animal extraño en la selva  chavista, quizá sea mi extravagante –y montuna– formación entre la mitología y la cacería la que me permite darles caza, para atraparlos y desollarlos sin recelo; lo cierto es que los distingo y cazo con gusto.
A partir del diálogo los rabipelados opositores están por todas partes mostrando su hocico inmoral, sus colmillos hambrientos, pero sobre todo, su larguísima y pelada cola de brutalidad.
Ya ni siquiera se esconden en la maleza o en oscuras madrigueras, andan por todas partes. Son roedores husmeantes que buscan no ser devorados por las hienas chavistas. Su doblez política da asco.
Hay una epidemia de rabipelados en la oposición.
¿Distingues a algunos de ellos?
 

Parecen pero no son

Los rabipelados de la oposición parecen chavistas pero no lo son. Dan asco, sí, pero son inofensivos. No pueden esconder su larga cola –pelada– de torpeza e idiotez, pero la cola ni pica ni envenena. Promueven el diálogo –ese arcada cínica–, merodean como ratones gigantes las madrigueras del poder (del chavista y del opositor) para ver qué inmundicia comen (negocio turbio o indulgencia) y chillan agudas estridencias contra quienes realmente si están luchando –como seres humanos racionales y sensibles que son– contra las bestias chavistas.
Los reconoces –a los rabipelados– cuando acusan a Lilian o María Corina, esas auténticas Dianas de nuestra libertad, por no doblegarse ante los depredadores del chavismo.
Para los rabipelados opositores, todos los venezolanos debemos escondernos en la maleza de la humillación, la afrenta y la ignominia. Como ellos hacen.
Hay que cazarlos y comérnoslos. Písales la cola, no muerden, sólo chillan.