Diego Molero: yo sí soy un jala bolaé

€œY el que quiera ganá plata le voy a recomendá,que se meta a jala bola bien trapiao sin descansဝ

Rafael Garrido 

Esta entrega irrespetuosa y retadora que me atrevo a escribir en contra de ese bochorno que es el Ministro de la Defensa de Venezuela: Diego Molero, es un síntoma de nuestra devastación institucional como país. No la inspira ni el irrespeto ni el miedo, la inspira la angustia.

No se asombren, mi escrito ni siquiera es un desafío. Este tipo es tan poca cosa, tan pobre diablo, que ni intimida ni atemoriza: causa lástima. No es vergí¼enza ajena lo que provoca, es pena. Y la pena es unánime. No hay quien no se ruborice o se ría de este marinero que chapotea su estolidez en la piscina del Círculo Militar.

El chavismo mariconsón

€œTe pareces tanto a mí que no puedes engañarme€

Juan Gabriel

 

I

Lo advertí a tiempo: Maduro es un imbécil y buscará romper todos los récords de imbecilidad de la historia venezolana. Lo hará, incluso, a costa de provocar una guerra de arañazos y pellizcos entre sus propios simpatizantes. No tiene criterio para distinguir entre lo trivial y lo fundamental, y usa la tribuna pública con una irresponsabilidad a un tiempo torpe e histérica.

Chávez no ha muertoé

No puedo negarlo, en estos días mi alma vive su propia tempestad, las aguas de mi ser son aguas turbulentas. Tiemblo; no hay calma. Un huracán me sacude. Pensé en no escribir, reconozco que, herido, lanzó a veces mis relámpagos y truenos verbales. Pero ¿cómo no habría de hacerlo en la hora de la histeria? El silencio es cómplice; yo no lo seré.

 

Los titulares dicen: €œChávez ha muerto€. Pienso: ¡Qué ingenuidad! ¡Qué ternura tonta! Chávez no ha muerto, su despelote histórico está ahí, persiste, está instalado en el tejido de la nación y promete sacudirnos por un siglo. Hay que despabilar, hay que lidiar con la tempestad y seguir, un claro de luz se vislumbra entre los nubarrones y la tormenta.

 

Kardashian, Hilton y las Chávez

Pocos venezolanos escriben desde el abatimiento; yo lo hago. Es tan desconsoladora la humillación que estamos sobrellevando en Venezuela, tan irritante y despiadada, que, ante la el bochorno y la incapacidad de respuesta, nos estremecemos de angustia, sufrimos.

Lo humano, lo demasiado humano, es desgarrar nuestro dolor por nuestra nación, y sí: sufrir; y sí: enfurecernos; y sí: mentar madres de la impotencia.

Me sorprende como algunos sobrellevan este desmadre con moderación y hasta equilibrio. ¿Cómo carajo hacen ante esta agonía? ¿Estarán percatándose del mismo absurdo que yo?

Maduro: 5 horas de muecasé

Venezuela es una burla, una perpetua burla. Lo absurdo es lo cotidiano y el despelote lo trascendental. Es poco común pasar un día sin un sobresalto social, un atropello político, un crimen o una imbecilidad.

 

Eso es el chavismo: una mueca perpetua, el hazmerreír del universo (porque el planeta les quedó pequeño ante tanta vergí¼enza)

 

Mi entrega para hoy se titulaba: €œChávez y su Revolución Cartier€, pero la extravagante comparecencia de última hora de Nicolás Maduro ayer en la noche me hizo escribir esta nota al filo de la medianoche. Se las comparto.

 

Maduro: el Jirafales de Cuba.

I

No lo niego, formamos parte de una generación que es hija de la televisión y del cine.       

Recuerdo con gratitud, y sin complejos, como de niños, para aplacarnos, nos sometían a maratónicas tandas televisivas. Entre comiquitas, series policíacas gringas y telenovelas, nuestras tardes y noches estaban repletas de fantasía y enajenación, acaso por ello hayamos vivido tan ajenos a la triste realidad.

La cultura del espectáculo -que muy conservadoramente abomina Mario Vargas Llosa en su último ensayo-, sus imágenes, su lenguaje y, por supuesto, sus íconos forman parte de nuestro imaginario más íntimo.