MAD “VENEZUELA” MAX
MAD “VENEZUELA” MAX

MAD “VENEZUELA” MAX

¿Dónde queda el fin?

Horror, martirio, sufrimiento y lamento son los sentimientos que se desprenden de la cinematográfica ruina que vive Venezuela. No hay espacio en el alma para economizar frustraciones ni para ajustar dolores. Como quien sufre una punzante pena, los venezolanos ya no cuidamos las formas de la indignación, el grito es unánime y energúmeno. Lo más triste es saber que cada día empeoran las cosas y seguirán empeorando.
¿Dónde queda el fin?
 

Amarrados a nuestras heridas

Pesa escribir semana a semana, no dejaremos de hacerlo, pero pesa. Nuestras palabras son gemidos, vociferaciones de estrépito, incluso las ironías y los sarcasmos están amarrados a nuestras heridas, hablan por ellas. Somos poetas del tormento.
El estrépito es –insisto– cinematográfico. Los venezolanos estiran sus denigrados brazos mendigando comida y medicina. Largas cadenas de harapientos muestran sus cédulas de identidad para limosnear un pan duro y enardecidos acorralan –para protegerla– la limosna. Es un caos deplorable.
Hambrientos en la piñata del asco, los alienados se arrastran por el piso para acumular granos de arroz en pequeños montoncitos. Son arroceros de la repugnancia. Saquean su dignidad.
Mientras ello ocurre, el despreciable elefante del circo, Maduro, baila en la tarima.
 

Mad “Venezuela” Max

Las sórdidas imágenes que circularon esta semana por las redes sociales en las que observamos a venezolanas y venezolanos  golpeándose frenéticamente en larguísimas colas para hacerse de gasolina me hizo pensar en Mad Max.
Ya no sólo cunde el hambre y la enfermedad en Venezuela, ahora también nos angustia una furiosa necesidad de rodar (Fury road) hacia ninguna parte, y golpearnos y rasguñarnos y agarrarnos por las greñas y mordernos y ojo por ojo y diente por diente hasta apocalípticamente desahuciar todo sentimiento de hermandad y ser esclavos del aborrecimiento chavista.
El país es un macabro psiquiátrico que busca gasolina.
 

Incapacidad para sentir vergüenza

Me comentan que para conservar su tétrico baile, a Nicolás Maduro lo tienen aturdido con un coctel de drogas psiquiátricas. Su incapacidad para sentir vergüenza (ni nada que se le parezca), sus demenciales vociferaciones, sus idioteces, una tras otra, derivan del dopaje al que lo tienen sometido.
Es un experimento humano –Nicolás–, un objeto de ficción científica.
¿Y los venezolanos? Qué sigan estirando sus brazos urgiendo el pan de cada día. Una lágrima ardida de ira nos recorre el alma.
El futuro es fúnebre.
 

La ostia envenenada

Somos una distopía –una nación abominable. ¿Vamos a rebelarnos de una vez por todas? ¿Vamos a protestar? ¿O vamos a seguir consagrando nuestra decadencia por los siglos de los siglos? La teología chavista nos ha hundido en la peor degradación moral.
Nuestra ostia –pan de cada día– está envenenada.
El Papa Francisco se persigno y sacramentó nuestro horror. Nos manda obispos a santificar las fiestas de nuestros verdugos.
Nuestros panaderos, los reales, los que nos han ofrecido sus mejores panes multiplicados (no los penes de Maduro), los que han alimentado al país del trabajo y nos han procurado el cafecito de la honestidad, están siendo asaltados y humillados. Los insaciables chavistas engordan su voracidad corrupta.
Espero que la falta de pan produzca otra hambre, la de rebelión ciudadana.
 

Una oración en el caos

No nos queda sino orar clemencia divina. Comienzo.
Padre Nuestro que estás en el cada más día más oscuro y gélido cielo, santificado sea tu verdadero nombre (no el corrompido en sedes y palacios sixtinos), que de una vez por todas venga a nosotros tu reino de virtud y espiritualidad a este infierno que es Venezuela, haz tu indiscutible voluntad moral (no la del Papa y sus obispos que santifican las fiestas de nuestros verdugos) en nuestra tierra demente como lo hiciste en tu cielo. Danos hoy, por favor, te lo imploramos, te lo urgimos, sangran nuestras rodillas de tanto rogar, el pan de cada día. No permitas que las hordas chavistas y sus colectivos de terror nos lo arrebaten. Perdónanos si nuestras súplicas te ofenden, Padre Nuestro, pero estamos hartos, heridos, humillados, presos, torturados, asesinados, y por más que intentamos perdonar a los chavistas que nos ofenden siempre reinciden en su mal, son despiadados en su perversidad, no nos dejes caer en la tentación de la claudicación ni del cansancio, mucho menos en la del diálogo, obra sobre nosotros tu fuerza y tu fe para que juntos podamos rebelarnos y liberarnos de este maldito mal que parece eterno llamado chavismo.
Amen.