La Rabia

gusA Julio Rivas

E n Venezuela nos vamos quedando sin palabras. Uno tras otro, los actos de malandraje del Gobierno van minando nuestra entereza y, peor que nada, nuestro gentilicio. Hay rabia, mucha rabia, y crece cada día.

La rabia tiene su anatomía.

Una rabia íntima produce poesía, es individual y en el mejor de los casos inspira movimientos culturales. Si la rabia íntima se agrupa con otras y actúan en conjunto, generan movilización social y ánimo reivindicador, dan la batalla en la calle de manera inorgánica y, si se prefiere, volcánica. Recordemos las infinitas muestras de rabia agrupada que hemos dado en los últimos años: marchas, discursos, protestas, en fin, todo un abanico de rabias admitidas por los cánones civiles de la resistencia.

El movimiento estudiantil encarna la cúspide más virtuosa de esas rabias íntimas que logró subvertir la desolación generalizada que cundía.

Julio Rivas es uno de los apoderados silenciosos de esa rabia estudiantil que mostró el rostro rebelde de Venezuela.

Como miles de otros jóvenes anónimos, él forma parte de una generación que no acepta y resiste con integridad la algarabía inepta y corrupta de las hienas que nos gobiernan. Con su encarcelamiento intentaban encarcelar nuestro futuro.

No podrán hacerlo, las hienas no logran comprender que la rabia íntima ha venido agrupándose paulatinamente y se expande con la potencia inaudita de una juventud que luchará por la libertad hasta conseguirla.

Y es que en Venezuela la rabia se manifiesta en todas sus facetas: la rabia que ocasionan la desfachatez y la corrupción; la rabia de las cárceles inhumanas; la rabia del hambre; la de la compra de armas para aniquilar a venezolanos por la espalda (como el 4 de febrero); la rabia de la inhabilitación de la renovación política; la rabia de los centenares de venezolanos asesinados en los dos golpes de Estado de Hugo Chávez; la rabia del nuevo riquismo de los ministros y sus socios; la rabia de este gobierno ilícito y mediocre; la de la persecución política; la de los niños hambrientos; la de los viajes multimillonarios mientras Venezuela se despedaza; la rabia de las televisoras y radios confiscadas; la rabia de las rabias, clavada en lo más íntimo de nuestro ser, por los permanentes intentos de humillación y encarcelamiento de nuestra esperanza.

Pero insisto, a pesar de que intenten atemorizarnos, hoy todos somos Julio Rivas y nuestra rabia íntima ahora no sólo se congrega, se organiza.

Y una rabia íntima cuando se congrega y organiza produce una arremolinada rabia fundadora e histórica, como será la nuestra..

Gustavo Tovar Arroyo