La €œoposición€ y sus caperucitos rojos
La €œoposición€ y sus caperucitos rojos

La €œoposición€ y sus caperucitos rojos

€œAquél a quien los dioses quieren destruir,
primero lo vuelven loco€

Eurípides

Apocalipsis

Si una palabra define el derrumbamiento sociopolítico venezolano es €œapocalipsis€. No se puede describir ni mostrar con minuciosidad, hay que vivirlo. Lo estamos viviendo.

La inenarrable realidad nos abofetea: crimen, corrupción, hambruna, riñas, epidemias, asesinatos, dictadura, represión, torturas, sangre, mucha sangre, llanto, rabia, dolor, impotencia, injusticia y una larga lista de atrocidades masificadas que expanden un tufo de estertor y espanto entre nosotros.

Si antaño las cárceles venezolanas cristalizaban la más patente prueba de nuestro fracaso social, hoy por obra y estupidez del último amor de Chávez: su Maduro, Venezuela se ha convertido en una gigantesca cárcel. Estamos presos, barrotes de cianuro chavista nos estrangulan y asfixian.

Millones de voces venezolanas estallan -chillan- su desconsuelo. Venezuela se cimbra, tiembla. No hay quien no padezca, no hay quien no se queje, no hay quien no sienta vértigo, ni siquiera los perversos científicos de esta destrucción se salvan.

Somos un bullicioso lamento universalé, y sus cómplices.

La farsa negociada

Me cuesta escribir, no lo niego, porque además sé que lo peor está por venir. No hemos tocado fondo. Ya la palabra €œresistencia€ no es sólo una consigna, es una agonía. Mientras el chavismo permanezca en el poder la ruina nos morderá los pies, el cuerpo, el alma.

Es incomprensible que cierto liderazgo opositor no lo vea y siga postergando -¿negociando?- esta atrocidad, es incomprensible que sean cómplices bufos de nuestra desgracia.

No lo digo yo, lo dijo Henrique Capriles finalizando el año pasado, cuando, despiadado y atroz, hundió su dedo en la llaga de nuestra zozobra y nos sacudió de pavor con otro de sus espasmódicos -¿desequilibrados?- twitter a los que nos tiene acostumbrados. Quedamos mareados, atónicos, al borde del desmayado.

Escribió literalmente: €œ¿Y los de €˜oposición€™ (comillas suyas) aceptarán nombramiento inconstitucional a CNE vía TSJ? ¿O es una farsa negociada desde el principio de espaldas al país?

¿La €œoposición€ entre comillas? ¿Quiénes se supone que son ellos? ¿La farsa negociada desde un principio? ¿De qué habla?

Sin duda los dioses nos quieren destruir, nos están enloqueciendo.

¿Pacto o negocio del huevo frito?

Una cosa es pactar y otra negociar, hay una sutil pero implícita diferencia entre ambos términos. El pacto representa un acuerdo, un convenio, un acomodo; el negocio supone un intercambio económico o comercial de algún tipo.

¿Qué quiso decir Capriles? ¿A quién acusaba de €œnegociar€ el nombramiento inconstitucional de miembros del CNE por la vía del TSJ? ¿Hubo dinero, intercambio, qué se negoció?

Que se sepa los nuevos integrantes de ese ilegítimo negocio eran miembros de AD, PJ y UNT. De hecho fue un miembro de los pajizos (amarillos) quien rechazó a regañadientes la postulación.

Al día de hoy ninguna organización (AD, PJ, UNT) vinculada con la €œfarsa negociada€ ha aclarado qué pasó ni se han señalado a los responsables, todo lo contrario, son flamantes legitimadores de la inconstitucionalidad. ¿Nuevamente se harán los locos o es que definitivamente estamos locos?

¿No fue un pacto sino un negocio lo del huevo frito? 

Por favor, lo ruego, tengan clemencia, no nos traten como una manada de pendejos.

Los caperucitos rojos

Como si Venezuela fuera un cuento de hadas y nuestra desgarradora realidad -originada por el sátrapa Hugo Chávez- no fuera apocalíptica, ciertos miembros de la €œoposición€ hacen un esfuerzo desconsolador, hasta cursi, por parecer los €œcaperucitos rojos€ de la catástrofe venezolana.

Es decir, ellos -los de la farsa negociada- se hacen pasar por chavecitos benévolos, como si detrás de su cínico €œsentido de la oportunidad política€ no se les notara el hocico y no se reconociera a leguas su hambre de poder.

¿A quién pretenden engañar? ¿De verdad piensan que el pueblo -chavista o no- es tan estúpido?

Los lobos rojos y sus caperucitos se dan la mano, son los extremistas del desprecio.

¡Ya basta!

El tiempo de Dios que no llegó

Como era de suponer, el tiempo perfecto de Dios jamás llegó, tenemos que, imperfecta pero cívicamente, hacerlo nosotros como ciudadanos. Se confirma de cualquier modo, como decía Maquiavelo, que €œDios no está dispuesto a hacerlo todo y así quitarnos el libre albedrío y la parte de gloria que nos corresponde€.

Creo que Dios se fastidió de nuestra irresponsabilidad y guachafita. Si seguimos incitándolo terminaremos todos locos.
No estamos lejos de estarlo, más ahora que según Capriles sí tenemos motivos para movilizarnos y protestar.

Siempre lo he dicho, Capriles es un hombre de bien, acaso no el líder que necesita Venezuela en este momento por su falta de carácter y pusilanimidad, pero es un buen hombre. Imagino que su cambio se debió a que la €œoposición€ y su farsa negociada lo despabiló.

Se dio cuenta tarde pero a tiempo.

El insólito pero impostergable viraje

Aunque de cualquier modo festejo -con dudas razonables- el insólito pero impostergable viraje en la actitud de Capriles, debo colocar mi dedo en una llaga que él llevará abierta de por vida. Estoy seguro que hay millones de compatriotas -incluso pajizos (amarillos)- que desean decírselo.

Si Capriles dice que ahora sí hay razones sociales (de hecho) para movilizarse y protestar, y no €œpolíticas€ como el año pasado, como bienvenida crítica al reconocimiento de su error en cuanto a la movilización y la protesta, debo señalarle que el momento legítimo que dio razones no sólo sociales, sino políticas, económicas, culturales y morales (de hecho, pero sobre todo de derecho) para movilizarse y protestar fue cuando el pueblo de Venezuela materializó su voluntad y mandato de cambio a través del voto democrático que lo hizo presidente y él, entre falacias y temores, defraudó.

Ahí sí que habían razones nacionales de hecho y de derecho para movilizar y protestar, y no se hizo, se reculó. Ese fue el origen de esta calamidad y el momento auténticamente legítimo para evitar el apocalipsis (y lo que falta). Nunca es tarde para rectificar.

Esperamos de todo corazón que ésta no sea una nueva promesa incumplida, no sólo Dios no lo perdonará, el pueblo venezolano que lleva años movilizándose y protestando, que está estrangulado y asfixiado por los barrotes de cianuro del chavismo, mucho menos.

Una nueva reculada, una nueva frustración, un nuevo engaño hará del apocalipsis un holocausto. Y no sólo se responsabilizará al chavismo, también a sus caperucitos.

En política en condiciones sociopolíticas tan brutales como las nuestras no hay que hacer lo oportuno sino lo correcto.

Algunos, para tranquilidad de Dios, sí lo están haciendo, con mucha fuerza y carácter, pero sobre todo con fe y convicción.