¿Qué pasa con quien se cansa?

Las pavorosas condiciones de vida

No soy abstencionista, jamás lo he sido. Pienso, como activista de la noviolencia, que las elecciones pueden ser un estímulo para movilizar social y políticamente a las sociedades que padecen dictaduras. Las sociedades tienden a paralizarse y tullirse ante la represión dictatorial. La movilización es liberadora.
Las dictaduras no se derrocan con elecciones (siempre manipuladas y fraudulentas), sino con movilización social y política. Una acción combinada de ambas (voto y calle) podría marcar el fin de una dictadura siempre cuando la sociedad se organice y movilice para defender los resultados electorales.
El problema ocurre cuando el pueblo siente que participar en unas elecciones es inútil, que no se logra nada ni cambian sus pavorosas condiciones de vida, que por el contrario empeoran, como ocurrió con las elecciones de la Asamblea Nacional (AN) de 2015 o con el llamado al plebiscito del 16J.
La frustración y el desencanto desmovilizan a los pueblos en su lucha por la libertad, que es lo peor que puede ocurrir en la lucha noviolenta.
 

¿Las regionales?

Entre demócratas discrepancia no significa enemistad, significa debate. En política conciencia crítica no es hostilidad, es libertad. Había decidido no escribir sobre las elecciones regionales pero lo haré dada la polémica que levantaron mis palabras entre amigos cuando llame “mendigos” y “recolectores de migajas” a quienes se sumaran a ellas.
Las regionales como están planteadas en Venezuela: encarcelamiento de magistrados y alcaldes; chantaje, extorsión y tortura; represión asesina; asalto a mano armada de los poderes públicos; ocurrido públicamente el fraude electoral más grande de la historia de Venezuela y posiblemente del mundo (crearon 5 millones de votos fantasmas); más que movilizar a la población la paralizará. Se sentirá engañada, manipulada, ultrajada por la dirigencia. Participar en semejantes condiciones no es una ingenuidad ni una traición, es un suicidio.
¿Gobernadores para qué? ¿Para que los persigan, metan presos y torturen? ¿Para que huyan o tengan que vivir en la ingrata clandestinidad o en el exilio?
No tiene sentido.
 

La humillación como política

Entiendo que la Mesa de la Unidad (MUD) tenía dos opciones ante las regionales. La primera era la que habían anunciado y llevaban heroicamente librando por más de cien días: la rebelión nacional total; la segunda era humillarse e inscribir candidatos para cumplir el trámite “táctico”.
Se optó por la segunda opción: la humillación electoral, además con una desfachatada soberbia, sin explicar nada, a empujones. Patética y dañina incoherencia. El giro ha sido brutal para el pueblo, que se encuentra frustrado, incrédulo, desmovilizado. ¿Nos podremos levantar?
Más temprano que tarde las bofetadas de realidad nos llevarán otra vez a la única opción noviolenta que le queda a Venezuela: la rebelión popular nacional y total.
Espero que no sea demasiado tarde.
 

¿Qué harás tú?

Las elecciones en tiempos chavistas, todas, han sido fraudulentas. Fraudulentas: uso de todos los recursos y medios del estado a favor del narcochavismo; extorsión a empleados públicos; malversación de fondos para sus candidatos; control absoluto y tergiversado del proceso electoral; corrupción en el padrón de electores; proceso electrónico viciado y un largo etcétera de irregularidades y fechorías. Sólo un tarado se atrevería a decir lo contrario.
Cuando las hemos ganado ha sido porque hemos estado dispuestos a todo para reivindicar la victoria. Nos hemos movilizado. El problema es que una vez ganadas, pese a ser casi un noventa por cierto de venezolanos los que aborrecemos la dictadura y que llegamos a contar con dos tercios de los diputados de la Asamblea Nacional (AN), nos dejamos arrebatar el espacio conquistado sin luchar. Inconcebible, pero cierto.
En semejantes condiciones, ¿volveremos a votar? ¿Le lavaremos la cara a la dictadura y a sus meretrices del Consejo Nacional Electoral?
¿Qué harás tú?
 

La nación secuestrada

Venezuela está secuestrada por unos narcotraficantes, los venezolanos también lo estamos. Cuando escuché al diputado de Un Nuevo Tiempo (UNT) Enrique Márquez lamentar las sanciones contra los asesinos, violadores de derechos humanos y corruptos miembros del chavismo porque “como venezolano no se puede alegrar de este tipo de acciones de un gobierno extranjero hacia un compatriota”, lo entendí cabalmente. Su despropósito equivale a decir que lamenta que asesinos y criminales como el Chacal o los narcosobrinos sean encarcelados porque son venezolanos. Una persona medianamente sensata no puede mandarse semejante disparate. Simplemente, no puede.
Lo que pasa es que Márquez como la mayoría de los venezolanos está chantajeado, extorsionado, atemorizado y perseguido por la dictadura. La situación es gravísima. Ojalá la MUD lo entienda y rectifique, hay que volver lo antes posible al escenario de la rebelión popular total, a la toma masiva de todos los poderes públicos.  
  Sé que estamos frustrados y agobiados, que nos sentimos engañados y ultrajados, pero debemos levantarnos y luchar. Tenemos que hacerlo.
¿Qué pasa con quien se cansa?