Maduro: €œCristo multiplicó los penes€

La santidad inmerecida

No soy un santo ni aspiro a la santidad; no la merezco. No le hinco la rodilla a la fe cínica del socialismo, ni soy feligrés de la ruindad chavista. Soy su apóstata.

Escribo desde la libertad. Trato de reflejar la intensidad de mi tiempo: desgarrador e insolente. Deseo ser parte de él: increpándolo, aborreciéndolo, condenándolo, a veces, exaltándolo claro. Pero ser parte de él, eso es lo fundamental.

 

Revelo que tampoco espero que el tiempo €œperfecto€ de Dios se haga sobre nuestro despelote, pues prefiero no involucrar al Todopoderoso en cosas tan banales y sosas como la política venezolana.

 

Pero la estolidez de Nicolás Maduro obliga, siempre obliga.

Hugo Chávez y su €œRevolución Cartier€

Confesión de risa

Con mis últimos artículos he herido algunas sensibilidades chavistas. Están consternados. No esperaban una radiografía tan incontrovertible de su inmoralidad.

Me río y lo celebro, debo confesarlo. Son tantos los daños y tan seguidos que su engaño socialista le ha causado a nuestro país, que desafiarlos, para ridiculizarlos, me consuela y colma de gusto: me reivindica.

No lo oculto, me deleita ponerles la pluma en la llaga, enterrarla hondo, hondísimo, y observar con calculado regocijo como no les queda otro remedio que silenciar su dolor, su humillación y su ira. No pueden responder, el sólo debatir los incrimina.

Esta entrega aspira calificar la despelotada y cínica locura que intentan llamar €œrevolución€; y claro, hundir un poco más mi pluma en su llaga.

 

Pedro Carreño: perfil de la idiotez

La comedia trágica venezolana

La literatura es sabia, muy sabia y el teatro de Moliere lo fue substancialmente. No sabemos cómo logró chupar la médula de ciertas psicologías humanas y reflejarlas en su dramaturgia, pero lo hizo con magisterio intemporal y universal.
Si Moliere hubiese vivido en la tragedia venezolana del usurpador Nicolás Maduro habría escrito las piezas más sublimes de la comedia latinoamericana. Esa caricatura vulgar y bochornosa que es el socialismo del siglo XXI, en la que el delincuente más despreciable y feroz llega al poder político, se refina, amanera y sacude a la opinión pública con sus torpezas, burradas y cinismo, no habría pasado desapercibida por el francés.
Esta semana otro capítulo crucial de nuestra tragedia cómica ha sido ofrecido por la idiotez del madurismo. Su protagonista, un estafador estrafalario y bruto llamado: Pedro Carreño, alias €œCarroña€ (siguiendo la nomenclatura de las FARC, que a todo le ponen un apodo).
A él ofrecemos esta caracterización teatral, que seguro no entenderá.

Cilia Flores, alias €œPrimera Combatiente€

€œ¡Coño, habrá alguien que le diga a Nicolás

que deje de estar mostrando a Cilia!€

Mario Silva

El vómito

Pocas veces, al escribir, había experimentado la desagradable sensación física del vómito. No soy muy sensible a las intoxicaciones ni a las pestilencias, fui criado pisoteando bosta de ganado y salpicado por sudores animales sin que ninguna náusea me afectase.

Por eso, cuando inicié mi averiguación para escribir este intrincado texto, me sorprendí mucho por el sentimiento de asco que me causaba escribirlo. Y el asco por lo humano, o mejor, por lo inhumano, es una de las emociones más mordaces que puede sentir nuestro espíritu. Nos marea y merma.

Creo que mi repugnancia por lo que está ocurriendo en Venezuela es parte de una repugnancia mayor, de una repugnancia unánime y colectiva.

El vómito es, a veces, el mejor alivio.

¿Quién asesinó a Hugo Chávez?

€œPorque tú a mis espaldas me hiciste traición
hoy por eso te voy a quitar lo farsante€

Juan Gabriel

Los farsantes

No sé si fue el jefe del cartel de la mafia boba, Miguel Rodríguez Torres, y sus demenciales y cinematográficas tragedias conspirativas las que me hicieron volver a escuchar los desgarradores dramas musicales de Juan Gabriel, lo cierto es que fue el divo michoacano y su interpretación de €œLa farsante€ quien me hizo entender la trama bufa que han tejido Nicolás Maduro y su jefe, Fidel Castro, tras la enfermedad y muerte del teniente Hugo Chávez para adueñarse de Venezuela.

Quién iba a imaginar que un canto popular latinoamericano, siempre visionario y terapéutico, me haría aguzar los sentidos y abrir los ojos ante tan enigmático deceso.

Recomiendo a los lectores que escuchen a Juan Gabriel -la reina blanca de la fiesta mexicana-, y su €œLa farsante€, para ver si se les prenden los sentidos como a mí y le mentamos la madre a coro al madurismo y a sus jefazos los Castro, por farsantes.

 

La cerda chavista

€œTú por lo visto no tienes nada productivo que hacer
sólo engordar como una cerda€

María Gabriela Chávez a una chavista

El poeta maldito

Ser un escritor detestado por los chavistas nos hace más honorables e insignes. La crítica que desafía a la autoridad despótica siempre ilustra, inspira y libera a la sociedad, como ocurrió con los libertinos franceses del siglo XVII.

En Venezuela, los críticos, mientras más blasfemos seamos de la hipocresía chavista, somos más malditos, pero el resultado de nuestra maldición es ilustración, inspiración y libertad para la sociedad.

Hay que blasfemar en contra de la suprema y sagrada farsa chavista, hay que ser los libertinos y los poetas malditos de su bobo y regordete cinismo.
Si queremos libertad debemos conquistarla, en mi caso el único recurso es la palabra.