No todo está perdido

€œOnce the flames begin to catch
The wind will blow it higher€

Peter Gabriel (Biko)

Un país en escombros

La peste chavista arrasó material y moralmente con nuestra sociedad. Después de la devastación revolucionaria, de su perfidia y podredumbre, a Venezuela no habrá que reinventarla, habrá que inventarla.

Somos un país en escombros. No hay institución social o política que no haya sido corroída hasta el colapso por las corruptas termitas del chavismo. Su devoradora hambre ha intentado hasta chuparle el alma a nuestra bella historia. No han podido, no podrán.

Pese a las golpizas, frustraciones, desengaños y fracasos, un prodigio se observa: el venezolano, los venezolanos, yo, tú, él, ella, nosotros, permanecemos intactos, vociferando, mentando madres, levantándonos una y otra vez por amor a esta tierra, a su gentilicio y a su cultura.

No todo está perdido, no nos han vencido, otra vez nos hemos levantado, seguimos.

La secta caprilista

€œQuand il me prend dans ses bras
Il me parle tout bas,
Je vois la vie en rose€
(Cuando él me toma en sus brazos
y me habla bajito
veo la vida en rosa)

Edith Piaf

No sólo mojarse de morado el dedito

Antes de causar alguna ferocidad prematura, pido disculpas por el título, confieso que lo use como fuego artificial para cautivar tu atención, amigo caprilista.

Aclaro, amigo caprilista, que no te siento mi enemigo ni lo eres. Estamos embarcados en el mismo naufragio histórico y remamos con la misma fuerza y dirección hacia la misma orilla (de libertad) para evitar el colapso total que significa el madurismo.

Anhelamos lo mismo, luchamos por lo mismo y nos enfrentamos a lo mismo: la perversión chavista. No lo esquives: la perversión chavista, su cinismo, su autocracia regordeta y nueva rica, su corrupción apoteósica, su traición y su destrucción apocalíptica.

No olvidemos: tú y yo no somos el problema; tú y yo somos, unidos, la solución. Pero hay que luchar, no sólo mojarse de morado el dedito, hay que luchar.

La rendición de Capriles

La frustración

Veamos por dónde comenzar este artículo: ¿por la frustración o por la esperanza?

Discurro pocos segundos mientras escribo y, por intuición, concluyo que es mejor comenzar por la frustración, no porque ésta sea lo que más pesa y consterna desde un punto de vista político, sino porque es la que sentimentalmente parte en pedazos nuestro corazón, y en la Venezuela que se nos desmorona ante los ojos hay que escribir con sentimiento; como los aztecas: con el corazón en la mano como rito.

Quienes me leen ya me conocen, no soy un mojigato ni finjo ser un erudito, esas banalidades se las dejo a las histéricas doñas académicas de la opinión pública venezolana que con sus reflexiones, consejos y sugerencias de los últimos treinta años han contribuido al hundimiento de la nación.

Hippies de su época, hippies eternos, están demasiado quemados para emitir un solo juicio de valor aceptable. Hay que dejarlos -dejarlas, a las histéricas doñas académicas-, que sigan pastando en su colina. No suman nada en su humareda alucinante. Nada.

Yo no disimulo ni me autoengaño, una lágrima tiene un origen más profundo que una sonrisa cuándo ésta se finge. Y cuando alguien se rinde, nos rinde, no se celebra, se duele.

Escribo con sentimiento.

Delcy Rodríguez, la Sapita Rojaé

Algunos no somos tan santos Juro que anhelaba iniciar el 2014 con el mismo mentecato optimismo de la Mesa de la Unidad, inventarme a mí mismo un país imaginario cuyo diálogo no es un humillante y legitimador espectáculo televisado en vivo y en directo, pero no pude, no puedo. La realidad nos clava permanentemente su […]

Hubo un caminoé

El recurso civilizatorio del diálogo

Nadie en su sano juicio puede negarse al recurso civilizatorio del diálogo, ni siquiera en condiciones adversas. No es un tema de ingenuos ni de sumisos dialogar, es un tema de seres responsables.

El diálogo es el lubricante esencial de las relaciones humanas, mientras dialogamos nos civilizamos: mientras más diálogo más humanidad; mientras menos diálogo más barbarie.

En una democracia el diálogo es la costumbre, es el día a día; no es noticia, es lo cotidiano. Los políticos discuten, debaten, intercambian ideas, cotejan visiones y al final construyen acuerdos a través del diálogo.

La democracia hilvana el tejido social de la nación dialogando. El diálogo no sólo nos civiliza; nos humaniza. Hay que dialogar.

Venezuela o réquiem a la lucidez

€œHay una epidemia de ceguera€

José Saramago


Réquiem Aeternam (Dale descanso eterno)

Dale descanso eterno a la lucidez, Señor, que murió en nuestro país. Ella, su cuerpo muerto, va a ti.

Es difícil, muy difícil, escribir en condiciones tan desoladoras. Se nos arruga el alma de la frustración. Y que conste que no es un recurso literario mi sentimentalismo ni mi música, es una voz que emerge natural y la comparto nuevamente sin simulaciones. Es, otra vez, la voz a coro de la mayoría de los venezolanos, es de decir, es tu voz, es la voz de Venezuela, que se lamenta.

Kyrie Eleison (Señor ten piedad)

Señor ten piedad, Cristo ten piedad de ellos, porque yo no la tengo.

¿Simulaciones? Esas se las dejamos a los líderes de la MUD y sus victorias imaginarias. Es hora de que algunos mostremos, como es, sin oportunismos ni mariqueras electorales, nuestra arrechera o, en el peor de los casos, nuestro desconsuelo.

Venezuela se desmorona, y lo peor es que entre quienes nos oponemos radicalmente (sí de raíz) a ese desmoronamiento existen aún aquellos que por ignorancia o ligereza fortalecen, consolidan y hasta institucionalizan la caída. Colaboran con ella y le sonríen, se sienten victoriosos.

Padecemos una epidemia de ceguera.