¿Quién asesinó a Hugo Chávez?

€œPorque tú a mis espaldas me hiciste traición
hoy por eso te voy a quitar lo farsante€

Juan Gabriel

Los farsantes

No sé si fue el jefe del cartel de la mafia boba, Miguel Rodríguez Torres, y sus demenciales y cinematográficas tragedias conspirativas las que me hicieron volver a escuchar los desgarradores dramas musicales de Juan Gabriel, lo cierto es que fue el divo michoacano y su interpretación de €œLa farsante€ quien me hizo entender la trama bufa que han tejido Nicolás Maduro y su jefe, Fidel Castro, tras la enfermedad y muerte del teniente Hugo Chávez para adueñarse de Venezuela.

Quién iba a imaginar que un canto popular latinoamericano, siempre visionario y terapéutico, me haría aguzar los sentidos y abrir los ojos ante tan enigmático deceso.

Recomiendo a los lectores que escuchen a Juan Gabriel -la reina blanca de la fiesta mexicana-, y su €œLa farsante€, para ver si se les prenden los sentidos como a mí y le mentamos la madre a coro al madurismo y a sus jefazos los Castro, por farsantes.

 

La cerda chavista

€œTú por lo visto no tienes nada productivo que hacer
sólo engordar como una cerda€

María Gabriela Chávez a una chavista

El poeta maldito

Ser un escritor detestado por los chavistas nos hace más honorables e insignes. La crítica que desafía a la autoridad despótica siempre ilustra, inspira y libera a la sociedad, como ocurrió con los libertinos franceses del siglo XVII.

En Venezuela, los críticos, mientras más blasfemos seamos de la hipocresía chavista, somos más malditos, pero el resultado de nuestra maldición es ilustración, inspiración y libertad para la sociedad.

Hay que blasfemar en contra de la suprema y sagrada farsa chavista, hay que ser los libertinos y los poetas malditos de su bobo y regordete cinismo.
Si queremos libertad debemos conquistarla, en mi caso el único recurso es la palabra.

Yo confiesoé (segunda parte)

€œMi ardiente protesta no es más que un grito de mi alma.

Que se atrevan a llevarme a los Tribunales

y que me juzguen públicamente.€

Emile Zola

I

Me he confesado libertino de la farsa chavista, blasfemo de su podredumbre moral, apostata de su imbecilidad: soy, con orgullo, otro excomulgado del chavismo. El desafío es abierto y sin melindres: a través del libre pensamiento crítico, la educación y la noviolencia hacemos todo lo humanamente posible para que se vayan para el carajo los usurpadores y traidores de Venezuela.

Algo, sin embargo, nos diferencia de los chavistas: ellos usan las balas como recurso, nosotros usamos la palabra; ellos asesinan y encarcelan con su €œjusticia€, nosotros ilustramos y recreamos con poesía.

Nuestro peor delito es promover la libertad.

Yo confiesoé (primera parte)

€œMi ardiente protesta no es más que un grito de mi alma.

Que se atrevan a llevarme a los Tribunales

y que me juzguen públicamente.€

Emile Zola

 

Este artículo lo publiqué hace algunos meses. Respondía a las primeras acusaciones que vertía sobre mí el jefe de la mafia boba del chavismo, Miguel Rodríguez Torres. No sé si su fastidiosa reiteración o mi €œsuave€ reincidencia obligan a publicarlo de nueva cuenta. Lo reproduzco intacto. Verán que no ha cambiado mayor cosa: él insiste con la misma babosada conspirativa; yo me confieso otra vezé

 

 

I

Después de un silencio calculado he decidido responder a las acusaciones que han caído sobre mí como uno de los focos conspirativos de Venezuela. Era necesario esperar que la necedad y estridencia se disiparan. En medio de los lloriqueos amanerados de las doñas revolucionarias es difícil expresarse. Chillan y aturden, apagan con su histeria.

Calladas las hienas chavistas, me pronuncio. Me haré eco del célebre Yo acuso de Emile Zola, sólo que en mi caso yo no acusaré, yo confieso.

Ante las evidencias (Aponte Aponte y Mario Silva) es inútil que yo acuse (como Zola), ellos llevan diez años acusándose y ventilando su putrefacción y miseria.

Yo sencillamente confieso que no soy nada de lo que ellos son, es decir: golpista, asesino, narco, corrupto, traidor o esclavista, y si en su configuración moral no Ser como ellos es un delito debo confesarme públicamente que soy culpable del chavismo.

¿Y tú?

La esperanza pisoteada…

Me aburren

 

Me aburren, no puedo ocultarlo, me aburren hasta el agotamiento. Cada vez que escucho a algunos voceros de la oposición deliberar sus atroces disparates me derrumbo, caigo abatido, peor que si me insultasen, agrediesen o escupiesen al rostro (que al menos incitarían en mí una ira lógica y bien direccionada).

 

Lo reconozco: no tengo piel para resistir nuestra propia incoherencia, más aún, para silenciar que nos quieran ver una monumental cara de pendejos.

 

¿En verdad se creerán las insensateces que dicen? ¿Pensarán que la gente se adormila y se pierde en sus gansadas oportunistas?

 

Lo dudo.

Monólogo de un estudiante anónimo (Yo Estiduante…)

€œJuro por mi honor,y juro por mi Patria,

que no daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma,

hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen€

Simón Bolívar

 

Estoy agotado, han sido años feroces. No hemos parado, no he parado. No pararé. Sigo. A veces no me explico por qué lo hago, pero sigo. No es un sacrificio para mí, es un deber. Mis actos son reflejo de lo que soy como venezolano. Siento en cada desafío que el destino me ha impuesto el clamor de los próceres en mi sangre, cada una de mis células pronuncia, junto a Miranda, Bolívar, Páez y Sucre, la palabra libertad.

No sé cuantas cosas he hecho ya para reivindicar mi derecho a ser libre, a soñar distinto. He protestado, marchado, hecho huelga de hambre; resistido ataques químicos, golpes con palos, piedras, tubos, disparos; me han humillado, perseguido, herido con sables, con ráfagas de perdigones y balas; me han encarcelado, han asesinado a mis compañeros, pero sin embargo sigo, seguiré, seguimos, nuestro destino último es la libertad.