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El fin de Venezuela


Ebriedad por destruir

No odio a Maduro, Cabello, los Rodríguez, El Aissami, ni siquiera a Chávez; los deprecio. Sí, desprecio su crueldad, su cinismo, su ebriedad por herir, por destruir; pero no los odio, los desprecio. Entiendo muy bien su nociva naturaleza humana, entiendo también que la historia de la humanidad está plagada de siniestros personajes como ellos y que ahora nos tocó a los venezolanos padecer unos criminales de lesa humanidad, por ello también sé que lo superaremos, será de la manera más inesperada, pero será. No tengo duda.

¿El virus chino?

Los creadores de estragos

No soy el único que desprecia a los chavistas por su satrapía narcotraficante, lo hace el mundo entero, y no me refiero tan solo al mundo civilizado que sabemos que siente auténtica repulsión –asco– por personajes como Cabello y Maduro, incluyo a la izquierda democrática, que se queda sin explicación ante el injustificable estrago venezolano del que responsabilizan sin rodeos al nefasto chavismo. Lo que sorprende es que algunos oportunistas sigan alentando esa barbarie inhumana y en vez de exigir cambio a los criminales se lo exijan a la oposición.

Pero el oportunismo es otro tema.

Ni con todo el dinero

Lo que viene en Venezuela es inenarrable. El caos estructural del Estado que el chavismo convirtió en todo ruina, la carencia de agua, luz, gasolina, medicinas, dinero (sumada devaluación e hiperinflación), el sistema de salud absolutamente colapsado, tomando en cuenta que el 70% de la población vive del trabajo informal y tiene que salir todos los días a rebuscarse y posiblemente infectarse con el virus chino, nos anticipa un panorama apocalíptico. Ni con todo el dinero del mundo podremos solventar el horror que se viene. No hay manera de evitar el hundimiento, no hay.

El chavismo malditamente nos trajo a esto.

Sin odio hay que comérselos vivos

Cuando los vi humillarse, arrastrarse, pidiendo 5 mil millones de dólares al Fondo Monetario Internacional (FMI), después de haber pasado 20 años insultándolos y atacándolos, los mismos años que el miserable de Chávez y su pandilla estuvieron robándose el dinero venezolano, corrompiendo hasta el último pelagato que de “pata en el suelo” se convirtió en “nuevo rico boliburgués”, entendí la dimensión de lo que se aproxima. Es terrorífico. Desde lo más hondo de mi ser, sin odio pero con conciencia aspiro que además de la historia, el pueblo se los coma vivos por ladrones.

No tienen perdón, no lo tienen, sólo la cadena perpetua.

50 malandros contra 30 millones

Es increíble que cincuenta malandros o a lo sumo cien: Chávez, Maduro, Cabello, Flores, Carreño, los Rodríguez, Padrino, Aissami, Moreno, Ceballos, González López, etcétera, hayan secuestrado y aniquilado a Venezuela y que treinta millones de venezolano tengamos que sufrir esa aniquilación. Increíble, además, que haya vagabundos que aún pidan un “acuerdo político” con esos criminales sin exigirles nada a ellos. Increíble que haya quien piense que hay que apoyar la solicitud económica de la tiranía, imagino que será para que se roben el dinero y crear nuevos boliburqueses o para que sigan encarcelando, torturando y asesinando venezolanos.

Increíble.

La salida de Maduro y Cabello

Si el pueblo de Venezuela y la oposición unida deciden salir –como sea, todas las opciones sobre la mesa– de Maduro y Cabello, de tan solo dos criminales (luego siguen los demás), las condiciones sociopolíticas cambiarán por completo. No sólo habrá dinero, habrá trabajo, medicinas, agua, luz, habrá país. ¿Por qué no lo hacemos? Es el momento. La Venezuela tal como la conocimos, que aún añoramos e idealizamos, está llegando a su fin.

No más de cincuenta criminales la están asesinando.

¿Lo permitiremos?